domingo, 13 de mayo de 2012

El cañón de Avilés, el paraiso de los delfines.


El Cañón de Avilés es un gran valle submarino transversal al cabo Peñas, a poco más de 7 millas marinas (menos de 15 Km.) mar adentro desde la entrada de la ría de Avilés. Avanza desde los 140 metros sobre la plataforma, hasta los 4.750 metros en la base del talud. Está considerado  como el tercero más importante del mundo, situado en las cercanías de la costa.
Su anchura es de 32 kilómetros y se formó a consecuencia de la influencia de la la falla «Ventaniella», línea abierta que viene del Puerto Ventana, situado en la cordillera Cantábrica, y que se desdibuja en las profundidades marinas del golfo de Vizcaya. En esta falla se pueden provocar movimientos tectónicos y por tanto es una zona considerada sísmicamente activa. 
La costa asturiana es el área con mayor diversidad de especies de cetáceos del Cantábrico.
El cañón submarino de Avilés proporciona un hábitat ideal para  especies como la marsopa, el calderón, el rorcual común, el cachalote y tres variedades de delfín: común, mular y listado. En esa zona también hay especies de ballenas que pueden superar los 20 metros de longitud.
Los cetáceos son especies bioindicadoras, su presencia en una zona marina, demuestra que es muy rica en todos los sentidos.

Los cetáceos conviven en el cañón submarino, con una enorme diversidad de especies, con criaturas abisales como los espectaculares calamares gigantes y con importantes especies de interés comercial, como la merluza y el rape (pixín), objetivos de pesca en los caladeros situados en la plataforma circundante. Tambien hay corales y flora marina que difícilmente se encuentran en otras latitudes.

El cañón de Avilés es una zona  de una intensa actividad pesquera, especialmente dañina en el caso de la pesca de arrastre. La cercanía a la costa hace que sea especialmente sensible a hechos como la ampliación del puerto de Avilés, posibles contaminaciones por vertidos de aguas residuales urbanas e industriales y la degradación costera a causa de un desarrollo industrial, urbanístico y turístico desmedido, junto a un habitual e intenso tráfico marítimo. Se señala la pesca como uno de los obstáculos para declarar el cañón de Avilés como zona protegida. Para que el cañón sea declarado zona protegida debería haber una regulación pesquera en la que no se prohíba la pesca, sino que se concreten tiempos de veda y se disminuya la presión que podría desembocar en que muchas de las especies que actualmente viven en sus aguas huyan a otras zonas.

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